Los números del desastre
El arranque de 2026 pinta negro para la industria automotriz argentina. Según datos difundidos por la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), enero cerró con una producción de 20.998 vehículos (automóviles y comerciales livianos), lo que representa un promedio diario de apenas 1.750 unidades.
La contracción es dramática en cualquier comparación: -20,7% frente a diciembre de 2025 y -30,1% contra enero del año pasado, cuando se habían producido 30.058 unidades. Las exportaciones se desplomaron 51% respecto al mes anterior y 12,3% interanual, totalizando apenas 9.759 unidades —el 46,5% de la producción mensual.

Las entregas a concesionarias mostraron un dato atípico: 34.333 unidades, con una caída del 33,1% frente a diciembre pero un leve repunte del 0,7% respecto a enero de 2025, cuando se comercializaron 34.089 unidades.
La explicación oficial: menos días, nuevos modelos y recalibración
El presidente de ADEFA, Rodrigo Pérez Graziano, atribuyó la caída a factores estacionales y operativos. La mayoría de las fábricas adelantó las vacaciones de verano a enero —en lugar de distribuirlas entre diciembre y febrero como en ejercicios anteriores— lo que implicó tres días hábiles menos de producción respecto al mismo mes del año pasado.

Además, Pérez Graziano señaló que las plantas están en proceso de "adecuaciones para la producción de nuevos modelos", lo que redujo la cadencia diaria. "Para tener mayor precisión sobre el desempeño anual de las principales variables, habrá que aguardar al desarrollo del primer trimestre", relativizó el directivo.

Sin embargo, los números de exportaciones —que no dependen del calendario local— revelan una debilidad estructural difícil de atribuir solo a las vacaciones.
La sombra china: competencia desleal o wake up call?
Mientras las terminales locales luchan por mantener la cadencia, los autos importados desde China ya se adueñaron del 11% del mercado interno. Este dato, casi una coda en el informe de ADEFA, enciende todas las alarmas: se trata de una penetración acelerada de competidores con costos estructuralmente menores y, en muchos casos, subsidios estatales de su país de origen.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina —domina ya en Brasil y Europa— pero llega en el peor momento para una industria local que aún no logra recomponer escala ni competitividad tras años de restricciones cambiarias y crisis de consumo.

El reclamo del sector: menos impuestos y más mercados
Pérez Graziano aprovechó la difusión de los datos para lanzar una advertencia política: el escenario internacional se vuelve "cada vez más desafiante" por la transformación tecnológica y las medidas de desarrollo industrial que implementan los principales mercados competidores.
El dirigente destacó que en los últimos dos años hubo avances en la reducción y eliminación de impuestos nacionales con "impacto muy positivo en el sector", pero puso el foco en los distritos provinciales y municipales: exigió que acompañen con bajas impositivas que gravan las exportaciones y reclamó avanzar en acceso a nuevos mercados para compensar la pérdida de competitividad regional.

El mensaje es claro: sin reforma tributaria subnacional y sin apertura de destinos externos, la industria automotriz argentina —históricamente clave en la generación de divisas y empleo industrial de calidad— podría enfrentar una situación terminal.