En paralelo, la composición del endeudamiento mutó de forma preocupante: los compromisos de corto plazo pasaron del 3,5% al 14% del total, multiplicándose por cuatro en poco más de dos años. Los números desmienten el discurso oficial de "cero deuda nueva" y exponen un circuito perverso donde los dólares que ingresan por endeudamiento financian la salida de capitales.

El circuito de la fuga: deuda que entra y se va
Desde diciembre de 2023 ingresaron 47.000 millones de dólares netos en concepto de deuda externa, provenientes de organismos internacionales, el Fondo Monetario Internacional y préstamos financieros. Sin embargo, ese dinero no se tradujo en acumulación de reservas ni en fortalecimiento de la economía real.

"El Gobierno afirma que no tomó deuda, pero los datos muestran que sí hubo ingreso de financiamiento externo, que se utilizó principalmente para cubrir compromisos financieros y fuga de capitales", señala el economista Martín Burgos, director de la consultora Lado B.

La evidencia respalda su diagnóstico. La formación de activos externos alcanzó los 36.000 millones de dólares, un proceso que se aceleró tras la flexibilización de las restricciones cambiarias en abril de 2025. A esto se suman los pagos de intereses —en gran parte heredados del gobierno de Mauricio Macri— y la habilitación de la remisión de utilidades al exterior. El resultado es un esquema en el que los dólares entran por una ventanilla y salen por la otra.

Reservas estancadas y dolarización de carteras
A pesar del buen desempeño exportador, las reservas brutas muestran una evolución acotada y las reservas netas prácticamente no logran despegar. La diferencia entre depósitos en dólares y reservas se mantiene por debajo de los 8.000 millones, un nivel similar al de 2023 que evidencia la dificultad estructural para acumular divisas genuinas.

El blanqueo de 2024 aportó un respiro transitorio al sistema: más de 20.000 millones de dólares ingresaron al sistema financiero. Pero ese impulso mostró su fragilidad cuando parte de esos fondos se retiró hacia fines del año. Tras la flexibilización cambiaria de abril de 2025, los depósitos volvieron a crecer hasta los 38.000 millones, un aumento de aproximadamente 10.000 millones que resulta insuficiente frente a los 36.000 millones canalizados hacia la formación de activos externos.

La bomba de corto plazo
El cambio más alarmante aparece en la estructura de vencimientos. La deuda de corto plazo pasó del 3,5% al 14% del total, lo que implica una concentración explosiva de compromisos a pagar en el corto plazo y un aumento exponencial del riesgo de refinanciamiento. Argentina se endeuda más, a tasas más cortas y con mayor vulnerabilidad ante cualquier shock externo.

Un esquema con límites conocidos
La brecha entre el ingreso de deuda y la salida de capitales configura un escenario de mayor vulnerabilidad externa. La economía se sostiene sobre un mecanismo en el que el endeudamiento crece al mismo ritmo que la fuga, sin consolidar una base sólida de reservas ni reducir la exposición al volcado de divisas. Es un patrón repetido a lo largo de décadas, que vuelve a mostrar sus límites: la deuda no financia inversión ni crecimiento, sino que alimenta la salida de capitales y posterga el ajuste.