Los contratistas argentinos, en el podio mundial de tecnología agrícola: "Pasamos de hablar de potencia a hablar de algoritmos"
En la primera Cumbre de Contratistas de Expoagro 2026, el experto del INTA Hernán Ferrari reveló que Argentina ocupa el tercer lugar global en adopción tecnológica, solo detrás de Alemania y Estados Unidos.
El desafío: revertir 45 años de extracción de nutrientes en los suelos y prepararse para un 2030 sin mano de obra física, donde la autonomía y la inteligencia artificial serán clave para la seguridad alimentaria.
Del ancho de trabajo a los códigos: la revolución en 20 años
La Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA) debutó en el Auditorio CREA de Expoagro con una cumbre que mostró la metamorfosis del sector. Hace dos décadas, los contratistas discutían anchos de trabajo, velocidad de avance y capacidad de tolvas. Hoy, su vocabulario incluye códigos, algoritmos, inteligencia artificial y autonomía.
"Los contratistas son el principal actor de la producción de alimentos de Argentina. Su nivel tecnológico crece de manera exponencial", destacó Hernán Ferrari, coordinador del Grupo Mecanización Agrícola del INTA.
La comparativa es contundente: en solo cinco años, Argentina saltó del puesto 13 al 11 en desarrollo tecnológico entre 194 países, mientras que en incorporación de esos avances, los contratistas locales ya están en el top 3 mundial.
El suelo en cuenta regresiva: la herencia de la extracción
El especialista del INTA lanzó una advertencia que resonó en el auditorio lleno: "Estamos en cuenta regresiva". Desde 2014, dos edafólogos argentinos advirtieron que el modelo extractivo del país podía generar un factor limitante imposible de revertir.
Los números son elocuentes:
45 años de extracción: Solo se devolvió al suelo el 34% de lo que se le sacó.
Compactación severa: Afecta al 37% de la superficie agrícola, con rendimientos que pueden caer hasta 35% en zonas con huellas compactadas.
Primer flagelo mundial: La compactación del suelo es hoy la principal amenaza para la producción global de alimentos.
"En los últimos 40 años le sacamos el 70% de los nutrientes. Si no se lo devolvemos, aparecerá un nutriente, una bacteria o un micronutriente que no nos va a dejar seguir produciendo", alertó Ferrari.
La rentabilidad del cambio: de 4% a 22% de margen neto
La tecnología no es un lujo: es supervivencia. Hoy, el contratista promedio maneja un margen neto del 4%, lo que lo deja al borde de la quiebra ante cualquier desequilibrio. Los mejores llegan al 12%, pero la incorporación de tecnología —neumáticos radiales, transmisiones de última generación— puede elevarlos al 22% para 2030.
Los beneficios son tangibles:
Hasta 15% menos consumo de combustible.
Hasta 20% más superficie trabajada por menor patinamiento.
Reducción de cancelaciones: Hoy, el 22% de los contratistas sufren bajas que les cuestan u$s 18.000 cada una. Contratos formales y tecnología precisa pueden eliminar esa sangría.
El "internet de las plantas" y la mano de obra que no vendrá
El contexto demográfico es ineludible: la tasa de natalidad decrece hace 10 años y para 2050 no habrá mano de obra física disponible. El trabajo será cognitivo, y el campo deberá llenar el vacío con robots, drones e IA.
Ferrari describe el horizonte: "Agricultura planta por planta", donde cada cultivo funciona como un nodo de información que demanda en tiempo real lo que necesita —nitrógeno, fósforo, potasio— mediante aplicación de dosis variable.
"La genética nos viene diciendo 'estoy tres cuerpos adelantados'. Nos ofrecen manejo para 23.000 kilos y estamos en 8.300 de promedio. Toda esa brecha es lo que tenemos que sumar con tecnología", precisó.
La cumbre de Davos y el rol argentino
El experto del INTA trajo un mensaje del Foro Económico Mundial: los sistemas de asociativismo (Brasil) y de contratistas (Argentina) serán los encargados de incorporar la tecnología que garantice la seguridad alimentaria global.
Mientras el mundo proyecta que para 2050 todo el trabajo será cognitivo, Argentina tiene una ventana para liderar: sus contratistas ya están en el podio. La pregunta es si podrán formalizar su operación, cuidar los suelos y escalar la brecha tecnológica antes de que el reloj demográfico y edáfico se cierre.